Dificultades en el camino de la autosuficiencia

Desde la óptica del desarrollo sostenible, se ha venido estudiando y desarrollando las maneras más eficientes para proveer a las comunidades humanas de los artículos de primera necesidad necesarios para llevar una vida digna y armoniosa con la naturaleza; esto incluye entre algunos elementos: alimentos, medicinas, utensilios de uso diarios, vestimenta y una gama de provisiones que muchas veces pasa desapercibido por el consumidor como la producción eléctrica.

En este sentido, se ha llegado a una conclusión que parece lógica pero que aún cuesta aplicarla, en términos de recursos y logística; y es que debemos priorizar la producción local antes que los productos desarrollados en el extranjero, incluyendo aquellos productos que son producidos en distintos lugares dentro del mismo país.

La meta de este razonamiento es convertir a cada ciudad del planeta como un centro autosuficiente que logre abastecer a su población con los artículos esenciales para poder llevar una vida digna, sin dependencias de productos extranjeros. A esto se añadiría los beneficios económicos de generación de empleos locales y ventajas competitivas en los precios del producto terminado, pero, sobre todo, la disminución de la huella de carbono que genera un impacto ambiental extenso durante el transporte del producto hasta el destino final.

Tomando el trabajo de la investigadora colombiana Karina Feijóo sobre la huella de carbono, se entiende la misma, como un indicador que mide el impacto sobre el calentamiento global, dado que es la suma absoluta de todas las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) causadas directa o indirectamente por un individuo, organización, evento o producto. Esta huella de carbono se la mide en unidades de carbono equivalente (CO2eq) y existen diferentes directrices y protocolos para su cálculo. Por ejemplo, para las Comunidades Nacional de Gases de Efecto Invernadero, se utilizan las directrices y guías del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), para el cálculo de la huella de carbono a nivel de organizaciones o empresas se pueden usar los protocolos de la Organización Internacional de Estandarización (ISO) y como estos, existen variedades de estándares que rigen la materia.

A modo de detallar mejor la función de medir la huella de carbono, se debe tomar en cuenta que su objetivo es caracterizar el balance entre fijaciones y emisiones de GEI en todo el ciclo de elaboración de un producto, es decir, desde la extracción de las materias primas, pasando por la producción, el transporte, el almacenamiento, la utilización y hasta la eliminación del mismo. En base a esto, se ha calculado que 1 Kilo de carne vacuna emite 16 Kg de CO2 eq., y 1 Kilo de trigo emite 0,8 Kg de CO2 eq.  

En términos de autosuficiencia alimentaria, un estudio de la FAO titulado “The State of Agricultural Commodity Markets, 2015”, posicionó a Canadá, Argentina y Australia como los países más autosuficientes en seguridad alimentaria. Esto quiere decir que estos países producen más alimentos que los necesarios para que su población subsista, exportando el excedente al mercado extranjero. Sin embargo, y aunque este ranking representa buenas noticias para estos países, el hecho de contar con seguridad alimentaria está muy lejos de significar sostenibilidad alimentaria. Esto se debe al hecho que gran parte de la producción alimenticia a nivel global se hace a escala industrial, esto implica deforestación, cambio del uso del suelo, uso indiscriminado de herbicidas, pérdida de biodiversidad, introducción de especies ajenas a ecosistemas locales, explotación y posterior infertilidad del suelo, entre muchos otros problemas. Por esta razón, los esfuerzos por generar cálculos para medir la huella de carbono en algunos productos, como el trigo mencionado anteriormente, no representa realmente el impacto ambiental que implica su producción, más bien, el daño que se genera en el área puede tener mayor impacto que el kilo de carne que se produce con ganado de pequeña escala y de producción local.

Del mismo modo, es pertinente mencionar la inmensa producción de bienes tecnológicos que genera un impacto global en su cadena de producción. Hoy en día podemos observar la producción y el dominio de exportaciones que representa China en el mundo del comercio, sin embargo y a pesar de la increíble escala de producción, el país no figura entre las listas de los países autosustentables. Esto debido a la importación de materiales de otras partes del mundo y porque la mayoría de la producción tiene como destino otros países, lo que convierte a China en un factor importante en el incremento de GEI.

Adicionalmente y como mencionamos en el segundo párrafo, la producción local conlleva más que al consumo de la producción del país, al consumo de la producción de la ciudad. Por esta razón, es difícil pensar en una ciudad que cumpla con todas las características para ser autosuficiente. Por ejemplo, el Archipiélago Tokelau en Nueva Zelanda genera el 100% de su electricidad mediante paneles solares, pero esto no lo hace autosuficiente debido a que la fabricación de los mismos está en otra ciudad, al mismo tiempo, no cuentan con tierra aptas para el cultivo de alimentos balanceados y no poseen fábricas para brindar a su población con artefactos de primera necesidad como medicamentos.

De esta manera, asimilamos las dificultades que se tendrían que superar para lograr una producción local que satisfaga las necesidades locales en todos los ámbitos. Aunque algunos avances tecnológicos ya han podido responder a puntuales obstáculos. A modo de ejemplificar, tenemos a las granjas verticales, que países como los Emiratos Árabes Unidos apuestan para crear autosuficiencia alimentaria en un país cubierto por desiertos. El reciclaje de desperdicios (líquidos y sólidos), que en la ciudad de Linkoping en Suecia, la transformación de desperdicio a electricidad mediante la quema de desechos es capaz de suministrar corriente eléctrica a 1.25 millones de departamentos y 680.000 casas, de acuerdo a un reportaje de Avfall Sverige.

Sin embargo, debemos estar conscientes que algunos obstáculos simplemente tendrán que ser pensados de una forma de menor impacto, en vez de un impacto cero. Como, por ejemplo, la obtención de ciertos minerales o componentes exóticos que se encuentran en puntos específicos de la tierra; usemos el caso de Coltán que es un mineral esencial utilizado en los celulares y que, sin él, no podríamos tener los avances tecnológicos que poseemos. El Congo, Ruanda, China, Rusia y Australia son los países que poseen mayores reservas de este mineral, pero no todos estos países producen celulares, por lo que, el envío a los centros de fabricación es indispensable para poseer un producto; en este sentido, la huella de carbono se hace imposible de frenar, dejando lugar a la mitigación y control como única alternativa. Del mismo modo, una vez el celular se ha fabricado, éste debe ser trasladado a las distintas zonas del mundo para su venta. Es en este punto que debemos pensar como producir medios de transporte más limpios o en su defecto, ver la forma de trasladar las empresas de tecnología más cercanas al consumidor final.

En este sentido y después de lo descrito, tenemos que afrontar las dificultades de construir ciudades autosuficientes, siendo que generar todo lo necesario en cada una de las miles de millones de ciudades del mundo resulta más ciencia ficción que realidad. Empero, lo que sí es posible, es incentivar a que la producción local tome cuenta de lo que tecnológicamente ya está disponible. Por supuesto que no todos los alimentos crecen en todos los lugares, pero la tecnología puede ayudar a construir ambientes climáticamente controlados para producir alimentos a mayor escala, con gran variedad y menor impacto ambiental.

Al mismo tiempo, las ciudades deben invertir en la educación de su población para que cada uno de sus habitantes sea un potencial aportador de conocimientos e ideas para acercarnos a la autosuficiencia. Siendo que, desde una óptica personal, mientras más utilicemos la tecnología a nuestro favor y dejemos de depender de la naturaleza para subsistir, podremos tener ciudades más limpias y desarrolladas, dejando que los ecosistemas tengan el mínimo de impacto humano y alejándonos del comportamiento parásito que se aprovecha del huésped, en este caso el planeta tierra, para asegurar su subsistencia.

André L. Tejerina Queiroz

PhD en Política Internacional y Master en Derecho Ambiental

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