Las provincias chinas como actores internacionales: ¿una oportunidad para ALyC?

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Créditos a https://potnia.wordpress.com/tag/asia/  

 

Acercar los territorios chinos y latinoamericanos en un nivel subnacional –ya sean ciudades, provincias, regiones o Estados federados-  significa no sólo insertarse en las cadenas globales de valor, sino que además, distribuir los beneficios de ese valor agregado de manera más directa.

Hoy China promueve el establecimiento de relaciones entre estas entidades territoriales, lo que puede ser una oportunidad para América Latina para insertarnos aún más a las cadenas globales de valor.

Durante mucho tiempo, el Estado ha sido considerado el principal actor en el sistema político internacional. Desde la creación del sistema de Westfalia, la política exterior ha sido controlada exclusivamente por el Estado-nación, conformando la estructura del sistema internacional, y teniendo como principal objetivo el proteger la soberanía de cada Estado y su independencia e integridad territorial.

Una vez conformada esa estructura internacional, y en adelante, la institucionalidad responsable de los asuntos internacionales – el Ministerio de Relaciones Exteriores- se ha encargado de conducir e implementar la política exterior. Para lograr este objetivo, los Estados tienen que mantener una posición unificada hacia el exterior. El artículo 7.2.a. De la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados establece que se considera que los Jefes de Estado o de Gobierno y los Ministros de Relaciones Exteriores representan a sus Estados y, por lo tanto, conducen la política exterior.

Sin embargo, los gobiernos subnacionales se están involucrando cada vez más como actores internacionales. La participación de los gobiernos subnacionales en los asuntos internacionales ocurre ampliamente. Y recientemente ha recibido más atención de la academia y las instituciones políticas y económicas. Los gobiernos subnacionales celebran conferencias, firman acuerdos, realizan misiones comerciales, emiten declaraciones, establecen misiones locales en el extranjero, cooperan y compiten, entre otros. La producción económica -en la  era de la globalización- se ha internacionalizado rápidamente. La gente, bienes, servicios y el capital fluyen rápidamente a través de las fronteras, creando cadenas globales de valor entre territorios de diferentes Estados.

China, a través de sus provincias, no es una excepción. Con las reformas de apertura de Deng Xiaoping, los territorios chinos asumieron un rol importante tanto como actores del desarrollo local como en el plano internacional, con especial énfasis en la atracción de inversión extranjera directa. Hoy, debido al alto desarrollo que China ha alcanzado (el segundo PIB más grande del mundo, después de Estados Unidos), su mayor urbanización (según cifras de la Oficina Nacional de Estadística china, el 51% de la población china pasó a vivir en zonas urbanas en 2012) y su cambio en el modelo de desarrollo, de uno basado exclusivamente en exportaciones a otro basado principalmente en el consumo doméstico; el panorama pasa a ser otro. Es China quien busca ahora su propia inserción internacional en el mundo para la mantención de su estrategia de desarrollo, dando el paso además a sus ciudades o provincias.

El punto de inflexión probablemente se encuentre el año 2006, en la Conferencia Central del Trabajo sobre Asuntos Exteriores (中央外事工作会议) donde el ex Presidente Hu Jintao hizo hincapié en que China debía prestar mayor consideración a la política doméstica e internacional ya que “los vínculos entre asuntos internos y externos son más pronunciados”. En esa conferencia, el Gobierno Central solicitó asistir a todos los secretarios provinciales del partido comunista y gobernadores, por primera vez.

Como se observa, el vincular las provincias chinas con los territorios latinoamericanos es una decisión política del Gobierno chino, y complementada por el escenario económico, lo que se expresa por ejemplo en el “Documento de política de China sobre América Latina y el Caribe” publicado por el Ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China en 2016, en el que se impulsa el fortalecimiento entre los gobiernos provinciales chinos y latinoamericanos. Este fortalecimiento busca “el establecimiento de relaciones de hermanamiento entre las provincias, estados y ciudades de ambas partes y el despliegue de intercambios y colaboraciones en los ámbitos económico-comercial, científico-tecnológico y cultural, entre otros”.

En este sentido, académicos como Yan Xuetong, decano del Instituto de Relaciones Internacionales Modernas de la Universidad Tsinghua, asumen que China competirá en el sistema internacional en base al poder blando –poderes cultural y político-  y del liderazgo moral y ético (Trayendo al debate nuevos conceptos e ideas extraídos de la “Edad de Oro del Pensamiento Chino”: Confucio, Lao Tse, legalismo, entro otros).

Ese poder cultural y político revestido de liderazgo moral y ético, puede ser expresado como  intercambio y cooperación en los diferentes ámbitos (económico-comercial, científico-tecnológico y cultural) mediante la conexión con diferentes países y territorios. Es decir, nuevos canales de cooperación que América Latina puede sacar ventaja.

Una pista de la promoción internacional que el gobierno chino le está dando a sus territorios, fue la última cumbre del g20 que tuvo lugar en Hangzhou en septiembre de 2016. El Embajador de Chile en China, Jorge Heine, ante este evento, se pregunta por qué no se realizó en ciudades más grandes y de más peso económico en China como Beijing o Shanghai. La respuesta, según indica en la Revista Mexicana de Política Exterior, es que “China está apostando por la innovación como un elemento central en su 13 Plan Quinquenal (2015-2020), y Hangzhou es vista como un gran centro de innovación, entre otras cosas, por ser sede de la casa matriz de Alibaba, el gigante del comercio electrónico, que ha tomado el mundo por asalto y está cambiando la naturaleza y las prácticas establecidas del comercio internacional”. La innovación, por ejemplo, primero se desconcentra territorialmente en China y luego se proyecta al mundo, mediante cumbres como la del caso mencionado.

Si estamos observando un cambio en “la naturaleza y las prácticas establecidas del comercio internacional” quizás los acuerdos entre provincias chinas y gobiernos subnacionales latinoamericanos son los canales adecuados para facilitar el intercambio y la cooperación.

De esta manera, las exportaciones latinoamericanas, concentradas principalmente en recursos naturales, puedan dejar de ser utilizadas únicamente dentro de los procesos de producción de bienes para la exportación de otros países.

Columna de opinion publicada el 17 de marzo de 2017 en China-Cooperative

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